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El Museo Rignault

En el recodo de una calle empedrada, más abajo de la iglesia, el Museo Rignault espera serenamente al visitante para confiarle sus encantos y secretos. Abre las puertas de esta casa de Saint-Cirq movido por la curiosidad: te sumergirás de inmediato en un remanso de paz.

 

Una casa típica te abre sus puertas

En el recodo de una calle empedrada, más abajo de la iglesia, el Museo Rignault espera serenamente al visitante para confiarle sus encantos y secretos. Aquel que, movido por la curiosidad, entre en esta casa de Saint-Cirq será recompensado sumergiéndose de inmediato en un remanso de paz que, como las «casas de familia», tiene un alma, y donde se mezclan sorprendentes y raras bellezas, artística, arquitectónica y natural.

 

El Museo Rignault es ante todo una casa típica de Saint-Cirq que brinda la ocasión de penetrar en la intimidad del pueblo. Asimismo, propone a los visitantes magníficos jardines que ofrecen una vista única sobre el valle del Lot. Esta joya mineral, vegetal, histórica y artística nos transporta fuera del tiempo y el espacio, entre cielo y río, entre piedra y flores, entre historia y presente.

 

Un primitivo baluarte de guardia avanzado: el castillo de la Gardette

Esta antigua fortaleza se encuentra enclavada en el reborde del acantilado. Lleva el nombre de Castillo de la Gardette y fue construido por el señor Hébrard de Saint-Sulpice, más abajo del fuerte de Saint-Cirq Lapopie que albergaba originalmente a las cuatro familias del pueblo, los Lapopie, los Gourdon, los Cardaillac y los Castelnau. El noble Hébrard habría desplazado su residencia al exterior del recinto señorial original (sobre el promontorio del pueblo), con el fin de encontrar mayor comodidad.

En este puesto avanzado también podían alojarse los soldados que custodiaban el castillo situado justo encima. El mismo constituía un punto estratégico para anunciar a los castillos vecinos las invasiones de los ingleses durante la Guerra de los Cien Años.

Originalmente, el pequeño castillo estaba conformado por tres edificios separados por una callejuela. Varias campañas de obras llevadas adelante a partir de la fortaleza, entre los siglos XIII y XV, cuyos vestigios todavía aparecen a la altura del basamento, han dado a esta morada abierta a todos los vientos a lo largo del tiempo, lo esencial de su aspecto actual reorganizado con gusto por Emile Joseph-Rignault en el siglo XX.

Salvado por un conocedor, marchante de arte y mecenas

Rignault adquiere, en efecto, la propiedad y sus casi ruinas en 1922 y emprende profundas renovaciones: edificio de entrada rematado por una atalaya, enlace construido con vano de parteluz gótico, cerrando la antigua callejuela, remodelación de los vanos con elementos medievales y renacentistas provenientes de diferentes regiones de Francia, muro piñón con almenas sobre el Lot…

 

Émile-Joseph Rignault nace en 1874 en Varzy cerca de Nevers. Este nieto de abarquero pasa parte de su infancia en la Charité-sur-Loire y en París. Apasionado por el arte, en Bellas Artes será alumno de Jules Valadon, Gustave Moreau y Armand Guillaumin, con quien entablará una bella amistad. Confrontado a condiscípulos talentosos en el efervescente universo de Montmartre, considera su trabajo falto de brillo y prefiere dedicarse a la venta de esa pintura que conoce bien y ama con eclectismo sagaz. 
Su frecuentación asidua de las exposiciones y ventas públicas le permite constituirse una colección de dibujos y pinturas de firmas prestigiosas: Callot, Van Dyck, Oudry, Fragonard, Boucher... que revenderá. Se convertirá en un entendido aficionado a las obras de sus contemporáneos, uno de los primeros buscadores de talentos de los años veinte, de Soutine por ejemplo, en aquella época poco cotizado. Cinco telas mayores de esta Rusia expresionista, ahora en Aviñón, honrarán su morada de St Cirq.
Enamorado del pueblo de Saint-Cirq-Lapopie, por entonces tan herido y arruinado por la hemorragia de la Gran Guerra, emprendedor y apasionado, este gran solitario generoso será uno de los primeros salvadores de la pequeña ciudad medieval, invitando a sus amigos, artistas y hombres del arte, a pasar una temporada aquí, y a veces a instalarse. Entre sus invitados de marca cabe citar a Man Ray, quien dejó en el libro de oro de los Amigos de Saint-Cirq Lapopie un dibujo original, subrayado con un bello elogio.
Tras la segunda Guerra mundial, Émile-Joseph Rignault se preocupa por el devenir de sus colecciones y propone sus pinturas (Toulouse-Lautrec, Soutine, Renoir y muchos otros...) y dibujos (en particular, Daumier) a los museos franceses. El Museo Calvet de Aviñón tiene la inteligencia y la dicha de aceptar la donación en 1946.
Ese mismo año, con el deseo de demostrar su apego al Lot, dona su residencia al Consejo General del Lot, con su mobiliario y los objetos de arte que la adornan. Muere en 1962. Su tumba vela ahora al pie del acantilado, contemplando la estrave de ese paraje romántico y sublime.
De ahora en adelante, esta joya de naturaleza y arquitectura colmada de bellezas artísticas en su joyero de magníficos jardines, propone al visitante la colección permanente evocando la mansión como si todavía estuviera habitada, con su mobiliario y las obras de arte de su donador (de la Antigüedad hasta principios del siglo XX, de Europa a África, Oceanía, Asia…). Estos lugares fueron tierra de inspiración y de creación para numerosos artistas y sobre todo para los Surrealistas, acogidos en casa de André Breton, quien se convirtió en vecino de Rignault en los años cincuenta; el Consejo General del Lot se empeña en perpetuar la pasión de Rignault con un espacio abierto al arte, de abril a octubre, destacando las colecciones y la amplitud de miras del generoso mecenas.
© Isabelle Rooryck - Conservadora Jefe departamental de los museos del Lot